Apenas quedan unos pocos, pero lo cierto es que entre finales del siglo XIX y principios del XX los teatros circos estuvieron muy presentes a lo largo y ancho de la Península. Aquellos espacios aportaban un color necesario a las tonalidades más grises de la época. Albergaban vistosos espectáculos circenses y otros de gimnasia y variedades. Acogían fiestas y bailes y, con frecuencia, se convertían en populares salas cinematográficas que abarrotaba el respetable en busca de entretenimiento. Nacieron con carácter temporal, pero el éxito les permitió perdurar durante décadas. Fue el caso del Teatro Circo del Ensanche de Bilbao, del que hoy os contamos su historia… y su triste final.
El Teatro Circo del Ensache no fue el único de la ciudad, pero sí probablemente el que alcanzó más notoriedad. Surgió como un proyecto del arquitecto Atanasio de Anduiza, se construyó con madera de pino y ladrillos y quedó inaugurado el 24 de noviembre de 1895. El edificio tenía planta central, con un pista circular con espacio para el público y las representaciones, rodeada a su vez por 2 pisos de palcos a los que se accedía por 3 escaleras. Más adelante, se le añadieron una tejavana de madera como depósito de utensilios y un pabellón lateral destinado a ampliar la sala de descanso.
Desde su privilegiada ubicación en la calle Gran Vía, muy cerca de la Plaza Elíptica (actualmente Plaza de Don Federico de Moyúa), el protagonista de este texto se convirtió rápidamente en un referente local. El archivo municipal recoge numeros expedientes con funciones de circo, gimnásticas, cómicas, dramáticas, bailes de salón, fiestas varias y hasta veladas sindicales y de partidos políticos.
A partir 1908, previa concesión de la oportuna licencia, el Teatro circo del Ensache de Bilbao comenzó también a ofrecer proyecciones cinematográficas. Fue sin duda un gran aliciente para un público que no solo disfrutaba con los festejos tradicionales, sino que comenzaba además a entusiasmarse con la tecnología y los espectáculos modernos.
Triste final y demolición
Nada hacía presagiar un fatal desenlace. Pero todo cambió el domingo 24 de noviembre del año 1912. Aquella tarde, el cinematógrafo proyectaba la película ‘¿Quién ha robado el millón?’ en su sesión de tarde. Como tantas otras veces, el aforo estaba completo.
A mitad de largometraje, una falsa alarma de incendio interrumpió la emisión provocando pánico y desconcierto entre los asistentes. El fuego había acabado en catástrofe otras veces en salas similares y la gente, muy sensibilizada, comenzó a alterarse desencadenando una avalancha que provocó cerca de 50 fallecidos, muchos de ellos niños.
Fue un suceso letal, con un gran impacto en la opinión pública e imposible de remontar. El gobernador civil terminó por clausurar el edificio y ordenó su expropiación debido a la incapacidad de los propietarios para afrontar las sanciones.
El Teatro circo del Ensanche fue finalmente demolido en 1914.










